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2007/1/21 Planta 9 Por segunda vez, allí estaba ella, dentro de aquel ascensor, paseando de planta en planta, mientras turistas entraban y salían mirándola extrañados. Tan sólo debía pulsar un botón, la primera vez no se atrevió, pero sabía que debía hacerlo y descubrir la verdad de una vez por todas. Mientras se decidía, comenzó a recordar cómo había llegado a esa situación, y no pudo evitar pensar en su abuelo...
¡Cómo le echaba de menos! Algunos lo definían como "un tio raro que baila jotas, pone cucuruchos y se parece a Willy Wonka". Durante su juventud siempre demostró un fuerte caracter antisocial y una preocupante tendencia a la pedofilia, pero todo se complicó cuando su familia descubrió que tenía un blog en internet (algo que se utilizaba a principios de siglo, antes de inventarse la telemegahostiafonía) dedicado a "Los Simpson" al que sólo él entraba. Por lo que fue internado en un psiquiátrico antes de cumplir los 30, y durante el resto de su vida. A pesar de lo que siempre le habían contado sobre él, ella nunca le había visto de ese modo. Creía todas sus historias y adoraba escucharle cuando exponía sus interesantes teorías sobre la reproducción de los Pitufos. Entre esas historias, había una que siempre la había intrigado. Hablaba de un hotel en Benidorm en cuya planta nº. 9 ocurrían extraños sucesos que ni él, ni ninguno de sus compañeros folclóricos, olvidaría jamás. Tras morir, ella quería honrar su memoria de algún modo. Pensó que lo mejor era comprobar qué ocurría en aquel hotel y demostrar que su abuelo nunca estuvo loco como todos pensaban. Pero, por otro lado, ¿y si era cierto? ¿podría vivir pensando que toda su vida había creído a un loco? ¿acaso no la convertía eso en una loca a ella también? ¿o sólo en una ingenua? Una vez más, la puerta se abrió y un joven entró, ella apenas se fijó ya que no podía apartar la mirada del botón que maracabe el número "9". De repente, vió cómo la mano del joven iba directa a pulsar ese botón, un escalofrío le recorrió todo el cuerpo, ¡por fin alguien iba a llevarla a esa planta! pero el terror se apoderó de ella y agarró la mano del joven impidiéndole pulsar. - No lo haga, creo que no estoy preparada... - Pero, debo hacerlo, es para lo que he sido encomendado. No podía creer lo que oía, alguien había enviado a ese joven para que la llevara a la planta 9. Pero, ¿cómo podía alguien saber que ella estaba allí para eso?, nunca se había atrevido a hablar de esto con nadie. El joven intentó una vez más pulsar el botón y ella volvió a detenerle. - No, por favor, no sé quién le ha mandado, pero bájese en cualquier otra planta del hotel o utilice otro ascensor, creo que prefiero no saber la verdad. Él la miró extrañado y le dijo unas palabras que a ella le costó asimilar: - Vamos a ver, maldita chiflada, los ascensores están en el pasillo de la derecha, el que me ha mandado es el cabrón de mi jefe, y el botón que tengo que pulsar es ese porque a él el café le gusta corto de leche... Ella se apartó y le dejó llevar a cabo su misión y marcharse maldiciendo. De repente, su preocupación pasó a ser otra: ¿será la locura hereditaria? Dedicado a Lenore, la hermosa niña muerta. Para que vea que no es verdad que cualquiera puede escribir cosas así, yo lo intento y sólo me salen chorradas como ésta... |
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